LARROSA, Jorge. La tutela pedagógica de la Lectura. ¿Qué es
leer? La experiencia de la lectura. Estudios sobre literatura y formación. Barcelona,
Laertes, 1998. págs (59 – 66)
Realizando un recorrido histórico
de la desconfianza a la lectura de literatura vemos que los mecanismos de
control aplicados en cada una de esta tres épocas; en la antigüedad el control
político y académico generaba la expulsión; en la edad media impero el
teocentrismo, produciendo la restricción y en la ilustración el humanismo
positivista sometió a la literatura a un enjuiciamiento. Y así hay todo un hilo rojo en nuestra cultura
de la tutela pedagógica de la lectura, teniendo en cuenta a ésta como una
experiencia salvaje, no controlada, compleja y ambigua. La lectura implica una
transformación, pues forma o deforma, de ahí el control a la lectura, conlleva
a un efecto previsto, que confirma el control pedagógico y a la solidificación
de la conciencia, cuando no se ve más allá de lo conocido. Entonces, la experiencia de la lectura está
casi siempre sometida a la tutela pedagógica, justificada con criterios morales
para evitar que pase algo malo al lector.
Si caminamos por la historia
encontraremos en ella la desconfianza a la lectura de la literatura y los
mecanismos que se adoptaron en tres épocas específicas: la antigüedad, la edad
media y la ilustración. En la antigüedad se ejercía un control político y
académico que producía la expulsión de lo que estuviese opuesto a dicho
precepto. Ya en la edad media dominando
el teocentrismo, la iglesia manipulaba según sus ideales religiosos sometiendo
a la restricción los libros, haciendo una farmacopea literaria. Y en la
ilustración el humanismo positivista realizaba un enjuiciamiento a la
literatura según su racionalidad moral. Y así hay en la historia todo un hilo rojo de
la tutela pedagógica, con el objetivo de evitar que con la lectura algo malo
pueda suceder al lector.
La lectura de la literatura es todo
un mundo salvaje, no controlado, complejo y ambiguo. Y es que la lectura cuando
va en serio es una experiencia de transformación, puesto que implica un
movimiento, un cuestionamiento a eso que se es; en esta medida la lectura puede
formar o deformar, es por esto que la lectura de la literatura es peligrosa. Y de ahí la necesidad de evitar estos
peligros con la tutela pedagógica que no es más que un control a esa
experiencia de transformación, entonces tendremos que se puede alcanzar en el
lector la solidificación de la conciencia, que no es más que esa fuerza de
transformación, sin que el lector vea más allá de lo que conoce; y un efecto
previsto por el autor, esto simplemente nos confirma el control pedagógico.
La experiencia transformadora de la
lectura es sometida a la tutela pedagógica, que se justifica en el enjuiciamiento
para la elección de que libros son “buenos” y que libros son “malos”, la forma
como deben leerse para proteger al lector de lo que puede ser potencialmente un
peligro. La tutela pedagógica como se nos muestra ha existido desde la
antigüedad hasta nuestro días, pues el expulsar, restringir o enjuiciar un libro para que sea tenido en cuenta es
algo muy subjetivo según los criterios que se tengan, entonces lo que para un
lector es bueno, para otro no lo será al igual que lo que dicha lectura pueda
llegar a afectarlo, en ese punto la lectura es un ejercicio libre, y no marcada
por criterios impropios.
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