sábado, 3 de diciembre de 2011

POESÍA Y PENSAMIENTO MARTIANO EN CARTAS A MARÍA MANTILLA


“Ser justos para ser libres”
José Martí



Autores como Julio Cortázar, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Miguel de Unamuno, Juan Ramón Jiménez, Ernesto Sábato o José Martí, por mencionar sólo algunos, han dejado su huella no solamente en el ámbito literario por sus novelas, cuentos o poesías, sino que además a través de su producción epistolar han estampado una marca de sí mismos, de su historia, de su vida, de sus sentimientos y pensamientos.

Sin embargo, en el ámbito de la crítica literaria el género epistolar suele ser poco analizado. Esto se debe, quizás, al hecho de que muchas cartas se encuentran impresas en versión manuscrita del autor, o porque existe una carencia de teorías literarias dedicadas exclusivamente a este género. Pero, este no es el caso, pues el presente trabajo tendrá como objeto de estudio una obra perteneciente al género epistolar: Cartas a María Mantilla del escritor cubano José Martí1.

Este trabajo es un análisis interpretativo de los elementos liricos e ideológicos que matizan las epístolas martianas escritas a María Mantilla. Para llevar a cabo dicha labor se seguirá los preceptos teóricos del enfoque hermenéutico de Hans Robert Jauss; es decir, se hará una interpretación teniendo en cuenta que la obra literaria corresponde a un horizonte histórico. Además, se tomará en cuenta algunos comentarios o estudios hechos por críticos y estudiosos de la obra de Martí.

Para iniciar, se debe señalar que Cartas a María Mantilla es una recopilación de ocho cartas que fueron donadas, por la misma María Mantilla, en la conmemoración del centenario del nacimiento de José Martí en el año de 1953 al señor Batista2. En la actualidad las cartas, en versión facsímil, están en el Archivo General de La Habana (Cuba). Asimismo, y gracias al trabajo del Centro de Estudio Martianos, estas epístolas de Martí han sido transcritas, compiladas e impresas por el Centro de Estudios Martianos y la Editorial Gente Nueva en el libro: Cartas a María Mantilla; cabe acotar que con la publicación de este libro se ha permitido poner en conocimiento una parte de la obra de Martí no muy conocida.

El libro contiene ocho cartas de extensiones muy variadas, la epístola más larga es la octava. Algunas cartas están fechadas, otras no tienen el menor indicio de fecha o lugar donde fueron escritas, como se relaciona en la siguiente relación:


Carta Lugar Fecha
Uno Waycross, Ga 189__ (sin puntualizar año)
Dos Sin señalar lugar 29 de mayo (sin detallar año)
Tres Sin señalar lugar Sin indicar fecha
Cuatro Athos Febrero 2 de 1895
Cinco Sin señalar lugar Sin indicar fecha
Seis Santiago de los Caballeros. 19 de febrero (sin detallar año).
Siete Sin señalar lugar Sin indicar fecha
Ocho Cabo Haitiano. 9 de abril, 1895.



Como lo señala el cuadro, las fechas y lugares de las cartas no son muy precisos en algunos casos, a pesar de ello, la profesora Josefina Leyva comenta:

“Las cartas de Martí a María Mantilla son ocho; breves o extensas, y sus fechas van de mayo veintiocho de 1894 hasta abril nueve de 1895. Martí las escribió en Georgia, México, Santiago de los Caballeros y Cabo Haitiano. Hay una sin indicación de lugar. María tenía catorce y quince años cuando las recibió.”3

Aunque no hay un juicio claro del lugar y la fecha en la que algunas cartas fueron escritas; este hecho llama fuertemente la atención, por lo que no resulta infundado proponer un análisis de este aspecto con más detenimiento en un estudio futuro, cuyos resultados contribuirían a la situación histórica de producción de las cartas, de Martí y de María. A pesar de estas indeterminaciones, ellas no son un impedimento para la realización del trabajo, puesto que éste no tiene como objetivo definir la cronología exacta de la producción epistolar, sino mirar los elementos del pensamiento y la poesía impresos en ellas.

Cartas a María Mantilla es una obra que pertenece al género epistolar, por ello, antes de iniciar cualquier análisis es necesario conceptualizar algunas características propias de este género. De esta manera, encontramos que una epístola es: “un tipo de composición en la que el autor se dirige, en primer lugar, a un receptor bien determinado, real o fingido, que se considera ausente.”4 En este sentido, en la comunicación epistolar convergen dos actores: el emisor y el receptor. Para el caso, y como el título de la obra lo indica, estas cartas están dirigidas a María Mantilla, quien es la receptora de las epístolas de José Martí, quien es el emisor. Pero quiénes son estos personajes.

La vida y obra de escritor cubano José Martí (1853 – 1895), el emisor, padre del modernismo, magnánimo poeta, brillante ensayista e ideólogo de la Revolución cubana es bien reconocida, pero queda entre el tintero saber quién era María Mantilla, la receptora. María Mantilla (1880 – 1962) era hija de Carmen Miyares de Mantilla y de su esposo Manuel Mantilla Sorzano, un matrimonio cubano:

“María Mantilla nació en Nueva York el 28 de noviembre de 1880, once meses después de llegar Martí a la casa de huéspedes de sus padres, y poco antes de la partida del Apóstol hacia Venezuela, donde pensaba reunirse con Carmen Zayas Bazán y con su hijo Pepito, que abandonaron a su vez Nueva York por entonces. Martí apadrinó a María el 6 de enero de 1881. El padre de esta niña fue Manuel Mantilla, cubano inválido y muy enfermo del corazón, cinco años mayor que su esposa (Carmen Miyares).5

Hasta este punto, se han identificado al emisor y al receptor de las epístolas quienes son dos personajes reales. Ahora se definirá la relación entre estas dos personas: primero, Martí era el padrino de María, y segundo, que entre los actores epistolares existe una diferencia de edad notable, puesto que Martí es mayor para la niña 27 años, es decir, que en el momento de enviarle estas cartas a su ahijada él tenía entre 41 – 42 años y María estaba entre los 14 – 15 años.

Estos dos puntos referentes al tipo de relación entre los actores epistolares son relevantes, porque determina, de una u otra manera, el tono familiar, tierno, afectuoso y poético usado por Martí para dirigirse a su ahijada, puesto que, en algunos apartados de las epístolas, el tono con que Martí escribe a María es tan cercano y tan familiar que es posible que un lector desprevenido al leer estas cartas pueda pensar que se trata de una correspondencia entre un Martí, padre, y su hija María; luego esto demuestra la importancia de establecer los actores (emisor – receptor) de las epístolas y sobretodo su relación personal. Aquí un ejemplo:

“Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en la verdad del mundo, en saber, en querer, - en saber para poder querer, - querer con la voluntad, y querer con el cariño? (…) ¿En qué piensa mi hijita? ¿Piensa en mí?”

“Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así, no la ama.”

Asimismo, la relación de cariño y la forma familiar en la que Martí trata a María se puede leer tanto en los encabezados como en la frase de despedida en sus ocho cartas, a saber:

“María mía:”

“Mi María:”

“Mi niña querida:”

“Maricusa mía:”

“A mi María:”

“Tu Martí”

En los encabezados de las cartas se puede ver que siempre que se dirige a María utiliza el pronombre personal posesivo de la primera persona del singular mí o mía, en una muestra de cariño entrañable, casi exclusivo de él, hacia su niña e igualmente en su despedida emplea el adjetivo posesivo de la segunda persona del singular tu, en una demostración de entrega única e incuestionable hacia su ahijada.

Ahora bien, se va a entrar a mirar la estampa poética que recorre las epístolas martianas escritas a María. Aunque las cartas están escritas en prosa, el carácter poético del hombre que transformó la manera de hacer poesía en Hispanoamérica no es ajena a su manifestación epistolar, por lo menos en lo que concierne a las cartas a esta niña, por ello en algunos apartes de las epístolas es posible identificar ese tinte poético que surge de ese sujeto lírico sensible, donde el sentimiento toma un valor universal e insondable que enaltece el lenguaje en su más vivida expresión:

“Una noche tenía como encendida la cabeza, y hubiera deseado que me pusieses la mano en la frente”

“Pues ese soy yo, con tantos ojos como tiene hojas él, y con tantos brazos, para abrazarte, como él tiene ramas”.

“¿Y cómo me doblo yo, y me encojo bien, y voy dentro de esta carta, a darte un abrazo?” ¿Y cómo te digo esta manera de pensarte, de todos los momentos, muy fina y penosa, que me despierta y que me acuesta, y cada vez te ve con más ternura y luz?

“Es que por el aire, que lleva y trae almas, no me han llegado las cartas que esperaba recibir de ti.”

“Las abrazo, las abrazo muchas veces sobre mi corazón”

En estas citas vemos como el sujeto lírico de Martí se manifiesta en expresiones afectuosas, de soledad, de anhelo, de nostalgia y de entrega hacia su ahijada María Mantilla; él clama por un encuentro pronto y mutuo con su hijita que habita en la distancia. Pero, no sólo es el sentimiento el que impregna de poesía estas palabras, sino como desde la sencillez del lenguaje logra configurar un sentir propio y universal de cualquier ser humano: el amor, más específicamente un amor paternal.

Asimismo, el carácter poético del sujeto lírico se ve en presentimiento de su muerte, al mejor estilo de los poetas perseguidos por la muerte, él presiente que pronto ella lo llevará. Precisamente, este sentimiento fatídico se puede leer en su última carta escrita el 9 de abril de 1895 desde Cabo Haitiano a María, es decir, Martí escribió estas últimas líneas cuarenta días antes de su muerte:

“Espérame, mientras sepas que yo viva.”

“Tengo la vida a un lado de la mesa, y la muerte a otro, y un pueblo a las espalda: -y ve cuántas páginas te escribo.”

“Y si no me vuelves a ver, haz como el chiquitín cuando el entierro de Frank Sorzano: pon un libro, - el libro que te pido, - sobre la sepultura. O sobre tu pecho, porque ahí estaré enterrado yo si muero donde no lo sepan los hombres. – Trabaja. Un beso. Y espérame. Tú Martí.”

En estas citas, se puede leer entre líneas a ese sujeto lírico sensible e intuitivo que presiente su muerte. Hecho que resulta muy lógico puesto que Martí estaba por esos días pronto a regresar a Cuba y de enfrentar las dificultades políticas de la isla en manos del régimen español, finalmente su presentimiento fue cierto, pues el 19 de mayo de 1895 Martí murió en la batalla de Dos Ríos. De esta manera, se puede ver como esta carta está llena del sino fatal que suele perseguir a los héroes; y que quizás ya Martí intuía esa muerte de manera dramática y a la vez heroica.

De otra parte, en una segunda parte de este trabajo se rastreará el pensamiento martiano en estas epístolas, partiendo de dos temáticas puntuales: la mujer y el héroe.


En lo que corresponde al pensamiento martiano sobre la mujer, Martí escribió:

“Pero lo admirable aquí [México] es el pudor de las mujeres, no como allá, que permiten a los hombres un trato demasiado cercano y feo. Esta es otra vida, María querida. Y hablan con sus amigos, con toda la libertad necesaria; pero a distancia, como debe estar el gusano de la flor. Es hermoso aquí el decoro de las mujeres. Cada una, por su decoro, parece una princesa.”

“Que te respeten todos por decorosa y estudiosa”

“Y mi hijita ¿qué hace, allá en el Norte, tan lejos? ¿Piensa en el trabajo, libre y virtuoso, para que la deseen los hombres buenos, para que la respeten los malos, y para no tener que vender la libertad de su corazón y su hermosura por la mesa y por el vestido? Eso es lo que las mujeres esclavas, -esclavas por su ignorancia y su incapacidad de valerse, -llaman en el mundo "amor". Es grande, amor; pero no es eso. Yo amo a mi hijita. Quien no la ame así, no la ama. Amor es delicadeza, esperanza fina, merecimiento y respeto. -¿En qué piensa mi hijita? ¿Piensa en mí?”

El pensamiento martiano sobre la mujer recae en la idea de la mujer decorosa y pudorosa que resalta a su ahijada como un principio a seguir de las mujeres mexicanas, más exactamente, de las cuatro hijas de su amigo Manuel Mercado a quienes conoció durante ese viaje a México y por quienes manifestó, también, un cariño entrañable, claro que no tan intimo y cercano como el de su ahijada María.

Asimismo, Martí resalta el valor de la mujer que es capaz hacer valer su dignidad por medio de sus estudios, es decir, que Martí concibe a la mujer como una persona inteligente, capaz de pensar, sentir, vivir con sus propios criterios y libre de la esclavitud o del amor vendido a los hombres por la ignorancia, al que él no considera amor. Este hecho, para finales del siglo XIX, resulta bastante revolucionario, pues la educación era un privilegio de los hombres, por ello Martí preocupado siempre manifestó su interés a María de que se educará y ayudará a educar a otras mujeres, para ello encomienda a ella y a su madre la siguiente labor:

“(…) pongan, las dos juntas, una escuela: una escuela para diez niñas, con piano y español de nueve a una: (…)”

“Elévate, pensando y trabajando. (…) Este “Petit français” es claro y útil. Léelo, y luego enseñarás. Enseñar, es crecer.”

Como se puede ver estas citas están impregnadas de un tono consejero de Martí hacia su ahijada, en las que se percibe esa diferencia de edad, antes comentada, entre los actores epistolares y asimismo reitera el tipo de relación íntima y familiar que tenían de padrino – ahijada.

De otra parte, José Martí se caracterizó por ser un hombre con conciencia de su labor, de allí la entrega que siempre tuvo hacia su país, pues siempre reconoció el rol que estaba llamado a desempeñar, fue tan consciente de su liderazgo en la lucha cubana y como la de sus compañeros, a saber:
“Estás lejos, entusiasmada con los héroes de colorín del teatro, y olvidada de nosotros, los héroes verdaderos de la vida, los que padecemos por los demás, y queremos que los hombres sean mejores de lo que son.”

Pero, esta conciencia heroica de Martí no solo se evidencia en las epístolas escritas a Martí Mantilla, sino en una cartaa a su madre se encuentra también esta concepción de héroe:

“Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mí vida; y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil.6

Esta conciencia deja ver a un Martí catalogándose como un héroe a él y sus compañeros de ideología, no en un acto de presunción sino de conciencia del deber del hombre llamado a hacer historia y construir patria, la patria de sus poemas que era la que anhelaba para su Cuba.

Es decir, que Martí sabía que era una figura pública e importante en la lucha revolucionaria, que sus ideas manifestadas en discursos, cartas, ensayos o poesías calaban en el pensamiento de sus compatriotas, por ello su labor de escritura nunca fue descuidada, ni gratuita, pues como hemos visto hasta en unas epístolas sencillas, tiernas y familiares encontramos rasgos de su poesía, pensamiento sobre la mujer, la escuela e incluso de su concepción de héroe.


Conclusiones

En casos específicos como este, en que el autor posee un carácter literario incuestionable, el género epistolar es un documento histórico y literario en el que es posible rastrear elementos estéticos e ideológicos que permiten reconstruir una nueva perspectiva de la historia personal e íntima del autor.

A pesar de ello, el estado del arte sobre esta obra es mínimo en relación con la calidad y riqueza de las epístolas escritas a María Mantilla. Luego, este hecho lleva a considerar que aún hoy en día la obra: Cartas a María Mantilla de José Martí no ha sido lo suficientemente estudiada como para ponderar su relevancia en la literatura cubana, dejando en el ámbito de la crítica literaria un vacio en lo que concierne a su análisis y clasificación dentro de la tipología epistolar de Martí.

Finalmente, cabe resaltar que debido a la amplia obra epistolar de Martí es necesario, a mi parecer, establecer una clasificación de sus cartas, quizás por periodos, o por las temáticas tratadas en las mismas, o por la relación de los receptores de las epístolas, es decir, cartas a familiares, a amigos, a compañeros, entre otros.




NOTAS AL PIE DE PÁGINA

1 José Martí se caracteriza por poseer una extensa obra epistolar escrita en diferentes fechas, con asuntos y temáticas muy variadas y remitida a diferentes personas, como: Manuel Mercado, Máximo Gómez, Enrique Trujillo, Fermín Domínguez, Enrique Collazo, Federico Henríquez y Carvajal, Rosario de la Peña, Carmen Miyares, María Mantilla, a su madre Leonor Pérez, a su esposa Carmen Zayas Bazán, a su hijo José Francisco Martí Zayas-Bazán, Pepito, a su suegro Francisco Zayas-Bazán, entre otros.

2 Según una declaración hecha por César Romero, el hijo de María Mantilla, en una entrevista en Los Ángeles concedida al escritor peruano José Miguel Oviedo.

3 LEYVA, Josefina. Martí en dos dimensiones de su epistolario: Las cartas a María Mantilla y a Manuel Mercado. Disponible en el catalogo en línea de la Página de José Martí: http://www.josemarti.org/jose_marti/articulos/articulospermanentes/jleyva/01marti-dosdimensiones.htm Revisada el: 8 de mayo de 2008.

4 MARCHESE, Angelo y FORRADELLAS, Joaquín. Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria. Barcelona: Ariel, 1998. p. 135.

5 LEYVA, Josefina. Op. Cit., [En línea]

6 VERDUGO, Iber H. y LACAU, María Hortensia. Prosa y poesía: José Martí. Buenos Aires: Kapelusz, 1968. p. 262

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