Unas vuelan como hijas del cielo que van en busca de su querida madre alta, alta y más alta. Otras se acuestan en el suelo, como si un calor placentero las regocijara.
Unas, muy pocas, se hunden en el suelo, como hija de una tradición cristiana que va a depositarse en el polvo, porque en "polvo eres y en polvo te convertirás".
miércoles, 5 de septiembre de 2007
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